jeudi 20 novembre 2008

Con sus manos frías, con sus vestidos negros, mis rodillas la apretaban tan fuerte tan fuerte


Personajes: Ella, él. Día oscuro. A penas hablaron. Tomaron un café ardiente. No se besaron ese día. Todos los presentes pensaron que podría por fin reanudarse la puerta, parecía normal, tras tanta lluvia, zarzas, camino mal andado, pájaros descosidos.


Él:

¡Qué manía! ¡Mil veces te he hablado de la dicha de las gaviotas! La de las golondrinas, y la de los vencejos… Pájaro tras pájaro, todos temen las miradas.


Ella:

¡Siéntate! Me llama la atención la ternura que se atreve durante el sueño. Si ya viajó de noche, no servirá de nada colocar esa sortija de oro al sol.

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